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sábado, 16 de diciembre de 2017

CRÓNICA. La voz de Fito Páez resonaba con fuerza en Bellas Artes

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Una noche mística se vivió en el Palacio Metropolitano de Bellas Artes, la noche del jueves 12. Fito Páez y su fiel compañero de cuerpo blanco y negro, embelesaron a miles de arequipeños durante casi 2 horas de concierto. Las que pudieron alargarse de no haber sido por factores realmente desafortunados.

Rodolfo “Fito” Páez Avalos pisaba Arequipa después de más de una década. Muchas de las personas que tuvieron la oportunidad de verlo en aquella ocasión, volvían a tenerlo en frente. Mientras que otras tantas miraban por primera vez al argentino.
Tercera y última llamada.  Fito estaba a punto de salir, aun nadie sabía el por qué de su demora, aunque no importaba mucho, era un hecho la presencia de Fito en el domo verde.
Había llegado la hora. El contraluz de los reflectores del techo que apuntaban al público no permitían ver con claridad. Pero la silueta tan particular del cantautor argentino, se lograba distinguir en el escenario.
Dar es dar, iniciaba el concierto. Canciones como 11 y 6, Giros, Yo Vengo a Ofrecer mi Corazón, Mariposa Tecnicolor, El Amor Después del Amor, Brillante Sobre el Mic, entre otras… resonarían armoniosamente en los oídos de los asistentes al lugar. Inclusive,  le hizo un merecido homenaje a otros músicos como Charly García, Bob Dylan y Caetano Veloso.
Aparentaba ser una noche, ideal. Sin embargo, nadie se percató de la honestidad de las palabras de Fito, cuando dijo “Claro, ustedes están felices ahí porque viven acá, en cambio yo estoy a 2,500 metros de altura, en cualquier momento me desmayo”. Lo dijo en muy buena onda, por eso nadie se dio cuenta de que no había broma en su dicho.
De pronto, se retiró haciendo señas de despedida, a lo que el público respondió con la  hispanísima frase “Otra…Otra…Otra”. Fito Páez salió, se había cambiado de ropa. Ahora un polo rojo cuello de tortuga y un traje gris vestían al rosarino. Se le notaba cansado, pero por la euforia nadie se dio cuenta.
Uno de los momentos cumbres de la noche llegó entonces. “No quiero escuchar ni una mosca”, dijo. Páez cantaba a capela Yo Vengo a Ofrecer mi Corazón, ante la felicidad de los arequipeños, la que se multiplicó cuando el argentino dijo “Quien dijo que todo está perdido. Punto. Yo. Punto. Vengo a ofrecer mi corazón en Arequipa” logrando así el aliento multiplicado de toda la tribuna.
Fito Páez volvía a sentarse para tocar el piano, Y Dale Alegría a mi Corazón, era la canción con la que nos sorprendía en ese momento.  Duraría poco tiempo sentado, para pararse incentivando fervientemente a todo el público a que cante. Algo raro parecía ocurrir al interior de aquel piano.


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